¿Qué
puede enseñar la escuela acerca de las familias?
Lic.
Isabelino A. Siede(*)
La
incomodidad es un sentimiento compartido por niños, padres
y maestros cuando llega el tema "La familia". Los alumnos
saben que esa es figurita repetida en varias salas del jardín
y los primeros grados de la primaria; los padres saben que les
tocará desempolvar fotos viejas o relatar las últimas
vacaciones; los docentes le encuentran poco sentido a este trabajo
y se plantean varias preguntas: ¿por qué tenemos
que abordar este tema? ¿Hay algo que enseñar acerca
de las familias? ¿Cuál es el sentido de este contenido?
Tradicionalmente, su sentido era moralizante. La escuela estaba
convencida de saber como había que ser mujer o ser varón,
qué virtudes conducen a la felicidad y cómo constituir
una familia. Parecía haber un único modo de ver
las cosas y era conveniente ocultar lo que no se ajustaba al discurso
oficial. Esta finalidad puede observarse en los libros de lectura
de las primeras décadas del siglo y llega hasta los Contenidos
Mínimos establecidos en 1977 por el Ministerio de Cultura
y Educación:
En
esta formulación de contenidos, queda bastante claro el
sesgo moralizante que debía tener la enseñanza.
Durante décadas, las escuelas presentaron un modelo
"correcto" de constituir una familia. Sin embargo, por
contraste con la realidad social, esta modalidad comenzó
a mostrar sus dificultades. Si se rastrea en la historia social
de nuestro país, como en muchos otros, se puede ver que
la conformación de las familias ha sido mucho más
heterogénea que la manifiesta en los discursos hegemónicos.
En la segunda mitad de siglo, esa gran variedad aumenta en visibilidad
y suscita también opiniones múltiples. "En
1992, la Organización Roper hizo una encuesta entre los
ciudadanos de Estados Unidos acerca de qué constituye una
familia:
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CONTENIDOS
MÍNIMOS
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ALCANCES
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La
familia
Composición y actividades
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La comunidad familiar:
integrantes. Relaciones entre padres e hijos. El trabajo
de los miembros de la familia. Las fiestas de la familia.
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La
casa
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Dependencias. Plantas y animales de la casa.
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La
familia cristiana
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Creencias de la familia cristiana.
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Las
fiestas religiosas
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Las
fiestas religiosas: el domingo, la Semana Santa, Navidad."
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*
El 75 por 100 dijeron que dos hombres gays comprometidos el uno
con el otro y viviendo juntos no eran una familia.
* El 37 por 100 contestó que un hombre y una mujer no casados
que cohabitan durante largo tiempo no eran una familia.
* El 10 por 100 dijo que un matrimonio sin hijos no eran una familia.
* El 5 por 100 respondió que una pareja casada que viviera
con hijos de anteriores matrimonios no era una familia."(2)
Entre
estas alternativas, la voz de la escuela acerca de cómo
"debe" conformarse una familia no es más que
la expresión de una opinión particular(3). Ante
la imposibilidad de justificar académicamente este enfoque,
muchos docentes optaron por abandonar el tema, pero esto no resolvía
el problema: sólo cerraba los ojos a la realidad y, en
cierta medida, culpaba a la sociedad por sus contradicciones.
En los últimos tiempos, en cambio, es frecuente que las
escuelas aborden este contenido y busquen resolver esas contradicciones
"construyendo la idea entre todos": cada uno cuenta
cómo es su familia y listo. De este modo se abandona la
finalidad moralizante, pero se generan nuevos problemas. En primer
lugar, no queda claro cuál es la finalidad de este trabajo,
pues rara vez hay conocimientos nuevos. Cada uno dice lo que sabe
y, a lo sumo, conoce a los parientes de sus compañeros.
Frente a esto, es importante recordar que toda enseñanza
debe tomar los conocimientos previos como marco de referencia,
pero para avanzar hacia algún lugar, pues, de lo contrario,
la escuela carece de sentido. En segundo lugar, cuando se avanza
en la conceptualización desde esa base empírica,
el análisis está sesgado por una muestra muy pequeña
y bastante homogénea, por lo que las conclusiones no tienen
validez. Por el contrario, atribuirle a todas las familias las
características de la propia constituye un rasgo de etnocentrismo
y una pequeña semilla de discriminaciones futuras. En tercer
lugar, el objeto de enseñanza que adopta ese enfoque es
probablemente el más complejo de aprender, pues entender
la propia familia puede llevar toda la vida. Finalmente, cabe
tener en cuenta que cuando la escuela pide cuentas de la configuración
familiar de cada chico, está invadiendo ilegítimamente
el terreno de su privacidad. En tal sentido, dicho enfoque puede
estar operando como una forma de contralor social y de estigmatización,
aun cuando no sea ese el objetivo ni la intención de los
docentes.
En consecuencia, necesitamos redefinir el sentido formativo de
este contenido en el curriculum de enseñanza. A fines del
siglo XX, la realidad de los grupos familiares en todo el mundo
es muy variada y compleja, a la vez que la institución
familiar manifiesta un vigor que otras organizaciones envidian.
Las familias han perdurado, aun en aquellos países cuyas
políticas tendieron a disolverlas, y se han diversificado
enormemente, aun en aquellas regiones en que los gobiernos intentaron
preservar un modelo único. Lo cierto es que el conocimiento
acerca de las familias ha avanzado también mucho más
de lo que la enseñanza escolar ha podido incorporar a sus
prácticas.
Se trata, entonces, de definir didácticamente una enseñanza
sustentada en los nuevos enfoques de las ciencias sociales acerca
de los grupos familiares. El objetivo no debe ser instaurar y
justificar un modelo de familia en las mentes infantiles, sino
acercarlos a la comprensión de la realidad social de las
familias, condicionada por múltiples factores entre los
que también está la diversidad de modelos o patrones
culturales. Se trata de reconocer el fenómeno familiar
en contextos disímiles, en vez de preguntarle a cada chico
"¿cómo es tu familia?". Esa es una pregunta
frecuentemente temida y cruel para muchos alumnos de nuestras
escuelas que se sienten "en falta" con respecto a un
cierto modelo.
¿Qué estrategias y recursos tenemos para enseñar
desde la diversidad? En principio, se puede presentar a los chicos,
desde el nivel inicial, las múltiples configuraciones familiares
del mundo entero, para lo cual contamos cada vez con más
material fotográfico y fílmico. Que los chicos aprendan,
por ejemplo, cómo es elegir pareja y contraer matrimonio
en diferentes sociedades, cuál es la distribución
de tareas domésticas y fuera del hogar en pueblos con tradiciones
contrapuestas, cómo se organiza una familia extensa sudanesa,
qué estrategias emplean las familias de regiones agrícolas
para distribuirse el trabajo en el campo, cómo es la vida
cotidiana de un niño en un kibutz israelí o qué
papel ocupan los ancianos en diferentes culturas. Si diseñamos
un recorrido de enseñanza que abarque modelos familiares
bien diferentes, el tema se vuelve apasionante. Todos los
alumnos aprenden que su realidad es una entre otras posibles y
empiezan a construir categorías para leer su propio contexto.
Es muy probable que, en determinado momento, varios empiecen a
decir "yo quiero contar cómo es mi familia".
Claro que, de este modo, ya no se trata de medir la distancia
con un modelo preestablecido, sino de ofrecer voluntariamente
la experiencia de la propia biografía para el análisis
del grupo.
Es relevante aclarar que el enfoque que parte de la diversidad
no reniega de principios básicos de igualdad. No convalida,
por ejemplo, el maltrato infantil, el abandono, la reducción
a servidumbre o la discriminación de género, problemas
éstos que trascienden las identidades culturales. Si tal
fuera el caso, la escuela estaría comunicando que "todo
vale" en la escena familiar y no hay principios éticos
que se deban propiciar y defender.
Por el contrario, si el "modelo" de familia en términos
de una estructura homogénea basada sólo en lazos
de consanguinidad es hoy uno entre otros posibles, hay cada vez
más consenso acerca de principios de relación que
la escuela debe promover y multiplicar, para consolidar hacia
lo que algunos llaman la "familia democrática".
Los avances legislativos de las últimas décadas
en nuestro país y las convenciones internacionales sobre
la infancia, la mujer o la tercera edad dan cuenta de un nuevo
imperativo ético en la vida familiar que no se sustenta
en una estructura de configuración única, sino en
el fortalecimiento de las funciones básicas de los grupos
familiares, que colaboran en la calidad de vida y en la dignidad
de todos sus miembros, cualquiera sea la forma en que unos se
eligieron a otros como parientes.
Este nuevo "deber ser" de las familias se está
plasmando progresivamente en el derecho y en los discursos sociales,
pero es un desafío para las escuelas el contribuir a que
transformen las prácticas culturales. En tal dirección,
una enseñanza orientada a la diversidad de los grupos familiares
y a la dignidad de todos sus miembros puede satisfacer mejor este
compromiso y colaborar en la construcción de identidades
pluralistas desde la primera infancia.
(*)Licenciado
en Ciencias de la Educación y coordina el equipo de Formación
Ética y Ciudadana de la Dirección de Curricula de
la Ciudad de Buenos Aires.
2 Jo Boyden: Atlas de las familias del mundo.
Barcelona, Debate - Círculo de Lectores, 1993. Pág.
56.
3 Una opinión que las escuelas de gestión privada
pueden incluir en su ideario para que forme parte de su "contrato"
con las familias que inscriben a sus hijos en la escuela, pero
que tiene otro carácter en una escuela pluralista de gestión
estatal y que en ningún caso puede concebirse como parte
de la enseñanza de las ciencias sociales.